Contrariamente al pensamiento inicial, el dólar esta por tocar la parte baja de la banda. Y el impensado cuestionamiento es si está bajando demasiado, perdiendo la competitividad alcanzada. Otra vez, el juego será adivinar qué hará el Gobierno, que nos tiene acostumbrados a acciones fuera lo de racional. Los ahorristas están en el dilema entre la compra de la moneda extranjera –que se supone no tiene mucho más margen a la baja– y las súper tasas de instrumentos en pesos. Mientras tanto, el nuevo equipo del Banco Central celebra la tregua cambiaria, con la cotización estabilizada y ahorristas que bajan el volumen de compras a un promedio de U$S 20 millones diarios. Y volvemos a la misma pregunta que nos venimos haciendo. ¿Cuánto hay que celebrar? ¿Cuál es el costo para nuestra economía?

La contracara de las súper tasas es lamentable. El sector productivo PyME no tiene chances en este escenario y la recesión se profundiza cada vez más. El nivel de actividad industrial y de la construcción muestra fuertes retrocesos, tanto desestacionalizados como interanuales. Este año 2018 cerraría con 2,4% de caída del PBI y en 2019 se agregaría otra merma de la actividad del 1,7%.

Años duros si los hay, así se plantea 2019. Un período electoral suma alta incertidumbre para la actividad económica. Y pisando el cierre año aún no se sabe cómo va a encarar ese proceso el actual Gobierno. Entre la alta recesión y la voracidad en la carga tributaria por doquier, en un plan de “saqueo a los contribuyentes”, es difícil pronosticar un buen camino para la gestión PRO, que está dejando un sendero bien abierto para la oposición, aunque las encuestas privadas de opinión digan lo contrario. Claro está que aún no sabemos quién sería esa oposición que convenza al electorado argentino, en un país donde siempre el que gana no es por merito propio, sino por ser muy malo el que debe irse. El eterno “que se vayan todos” pareciera seguir vigente.